El Viernes pasado, mi esposa y yo fuimos invitados a desayunar al condominio de unos amigos en Quintas del Mar. Ellos son una pareja de profesores que a punto de jubilarse e inspirados por el famoso programa sobre Rosarito que salió en “60 minutos”, lo adquirieron el pasado Otoño.
Su departamento esta bellamente decorado con arte y objetos que han adquirido en Rosarito, y su sala, en una esquina, tiene un ventanal de piso a techo que les da una bellísima vista a la playa y hacia el mar sin limite, sin obstáculos. En el desayuno estábamos, cuando de repente como a las 9:30 de la mañana se inició un ruido de motores que en corto plazo fue subiendo de volumen y se hizo ensordecedor.
Todo cambió ante la agresión del ruido y al asomarme al balcón me di cuenta de dónde provenía. En un lote grande junto al Centro Comercial Quinta Plaza y a la altura de la Comercial Mexicana (un terreno que anteriormente ha sido utilizado para otros eventos como Mexicali en la Playa y conciertos de música) parecía haberse instalado una pista para motocicletas de 2, 3 y 4 ruedas, que con gran abandono y con el escape abierto producían un ruido infernal, que si en el tercer piso era insoportable, imagínense en las casas vecinas del muro Sur en lo que se conoce (irónicamente) como Quinta Pacifica.
Entonces me di cuenta de que la invitación a desayunar, también tenia el propósito de que mi esposa y yo sufriéramos en carne propia los efectos de esta terrible contaminación ambiental.
Acto seguido nuestros amigos nos hicieron saber de su profunda decepción y de que de haber sabido de la pista para motos, ellos nunca hubieran comprado ese condominio.
También nos comentaron que ya varios inquilinos se habían quejado ante el gobierno municipal el Otoño pasado, pero que debido al próximo cambio de gobierno, realmente nadie les hizo caso.
Como en el Invierno ‘ni las gallinas ponen’, el problema solo reapareció con el ‘spring brake’ y claro que si no se pone remedio seguirá hasta el próximo Otoño.
Este problema nos plantea varias preguntas, a saber: ¿Con qué criterio le autorizaron a “Too Much Fun” instalar este tipo de pista en pleno centro de la ciudad y adjunta a dos zonas habitacionales de alto nivel turístico? (claro que el sonido sería igual de intolerable en la Lucio Blanco o en la Crosthwaite) ¿Se le autorizó a la pista un horario abierto de operación? ¿Se obligó al concesionario que exigiera el uso de silenciadores y mofles adecuados? ¿Se midieron las consecuencias ambientales y el perjuicio a los vecinos, tanto inquilinos como comerciantes? ¿Qué le produce mas ingresos al municipio, esta mal pensada pista, o los ingresos por impuestos y consumos de los vecinos y condominios? ¿Qué mensaje le damos a los potenciales inversionistas en hoteles, restaurantes y condominios? ¿De qué en cualquier momento el gobierno municipal ignorará las reglas de desarrollo urbano, planificación y zonificación?
No hemos podido definir nuestra identidad como comunidad porque todos jalamos en todas direcciones y no contamos con un gobierno rector responsable que de vez en cuando les diga que NO a los intereses creados, y a los que siguen la filosofía de que “más vale pedir perdón que pedir permiso”. Todos buscamos nuestros beneficios a corto plazo y se nos olvida pensar en aquellos que afectamos con nuestras decisiones. Nuestra libertad tiene como limite la libertad de los demás.
¿Dónde andará Don Benito Juárez?. Tanta falta que nos hace.
Por Armando González Bolaños