Para cuando esta columna se publique, lo más seguro es que el Papa Juan Pablo II, ya haya sido enterrado como corresponde en la cripta reservada a los Papas en la Basílica de San Pedro, en Roma.
Para ese entonces, ya se habrán escrito millones de palabras para rendirle todos los merecidos homenajes a este personaje extraordinario. De todos los rincones del planeta se han recibido las condolencias para el mundo católico, compuesto por más de mil millones de creyentes, mensajes de lideres políticos y religiosos de casi todas la naciones y credos.
Ni siquiera en los funerales del Presidente John Kennedy (hace casi 43 años) se contó con la asistencia de tantos dignatarios. Más de 100 lideres y cientos de personalidades, estarán presentes en los funerales del Pontífice, esa palabra ‘pontífice’, que significa : “Aquel que tiende puentes” y que en si representa el verdadero credo de Juan Pablo II.
Durante 28 años y mostrando una energía inusitada, visitó 128 países y presidió eventos multitudinarios ante millones de personas, llevando siempre su mensaje de paz y devoción hacia todos los desvalidos y menos afortunados.
Por primera vez un Papa ofició misas en templos cristianos ortodoxos, asistió a sinagogas y entró a mezquitas musulmanas. En su momento pidió perdón en nombre de la Iglesia Católica a todos aquellos que fueron históricamente afectados por Las Cruzadas de la Edad Media, los abusos e injusticias de La Inquisición, las actitudes anti-semitas a través de los tiempos, los excesos de los misioneros católicos y la culpable indiferencia durante el Holocausto judío. Toda esta humildad le ganó la buena voluntad y el respeto de la comunidad mundial.
El Santo Padre también fue inflexible, como pacifista, con aquellos religiosos que promovían la Teoría de La Liberación queriendo justificar el uso de la violencia y las armas para ayudar y liberar a los oprimidos por tantas dictaduras principalmente en Latinoamérica.
México fue uno de sus países favoritos; cinco veces nos visitó, más que ningún otro lugar y en donde siempre fue recibido con amor incondicional y desbordado entusiasmo. ¿Por qué tantas veces México?. Entre muchas otras razones, como ser el segundo país católico en el mundo, después de Brasil y el primero en serlo en el continente. Pero también porque México, por si solo, le provee a la Iglesia más del 50% de las clases sacerdotales.
Sería interminable mencionar, de cuántas maneras, su presencia marcó en forma las vidas y las almas de millones de personas. Juan Pablo II fue uno de los grandes Papas de la historia y todos hemos sido muy afortunados de haber vivido en su época.
Un sincero adiós al Papa polaco, al cura rebelde, al poeta, al atleta, al líder social, al antinazi y luego al anticomunista.
Adiós a aquel que tanto nos conmovió cuando alguna vez, besó el suelo de nuestro México
Por Armando González Bolaños